jueves, 29 de noviembre de 2007

EXISTENCIALISMO DEL SIGLO XX

Tiene un fundamento en Nietzsche y en Edmund Husserl (alemán, 1859 – 1938). Toda la filosofía del siglo XIX va a estar muy marcada por los maestros de la sospecha, ya que toda la realidad tiene máscaras, pero el problemas que al sacar una encontramos otra, por lo que la verdad se agota, ya que nunca se llega a ella.

Husserl es el fundador de la fenomenología y plantea que lo que aparece ante nosotros es el fenómeno, la apariencia, pero no la sustancia, porque nunca entramos en el corazón de las cosas, sino que nos quedamos en la apariencia. Es el hombre quien da sentido o una intención a los fenómenos, por lo que nuestra conciencia no es pasiva, sino que es activa.

El existencialismo se desarrolla por el shock que produjo la I Guerra Mundial cuando el hombre descubre que las armas destruyen al hombre, cuando se descubre que la vida es un horror, que la vida es lucha, odio y pugna.

Así, se busca encontrarle un sentido positivo a la vida, se hace un estudio de todo esto y en él se incluye en el existencialismo todo lo malo, la nada, la angustia, el asco, etc., porque no pueden quedar fuera del estudio del hombre.

Se le llamó existencialismo por un pensador del siglo XIX llamado Soren Kierkegaard (danés, 1813 – 1855), quien fue el primero que dijo que la existencia es angustia, que el ser humano es un cruce entre lo temporal y lo eterno, donde lo temporal podría ser el cuerpo y lo eterno el alma. Así, el hombre es el único ser que comparte con la materia inerte y divina. Definió al hombre y al mundo como existencias más que como esencias, debido a que cambian, a que fluyen y no así la esencia que es estática. Así, hablar de esencias es inútil, porque la existencia es lo importante.

Esto conlleva a una filosofía de la existencia, la que pasa a ser algo definitorio en el hombre, de manera de que la existencia es la esencia del hombre.

Desde la antigua Grecia se hablaba siempre de esencia, pero el ser existe, de lo que se deduce la existencia, por lo que Kierkegaard dice que lo primero que vemos es la existencia, ya que ésta comprende el moverse en el espacio y en el tiempo, el ganar o el perder. Lo único que se tiene es la existencia personal de cada uno, e incluso es la existencia lo que le da la esencia a los seres, de manera que la esencia es la forma de existencia de los seres. Lo que yo puedo conocer es la existencia, no la esencia. Kierkegaard trata de averiguar la existencia de cada uno, y tanto él como sus sucesores se dan cuenta que lo que hace el hombre constantemente es elegir, elige desde que tiene conciencia y experiencia vital. Elegir no es una necesidad, sino que es una posibilidad que se nos presenta, es múltiple y no necesaria. Lo necesario es lo contrario de lo contingente.

Así, la filosofía existencialista se centra en las posibilidades y en las elecciones que cada uno tiene, no en la esencia, sino e la existencia, en la manera de ser.

La elección es la forma de libertad de expresión del hombre, ya que es lo único que el hombre puede hacer. La elección nos da satisfacción pero también nos da angustia, porque de nos presentan distintas posibilidades para elegir. El elegir algo produce angustia porque no elegí la otra cosa, no se siente satisfacción según los existencialistas. La elección no es la decisión.

El hecho de que podamos elegir nos muestra que nada es necesario ni esencial ni absoluto ni definitivo y en esto coincide con la filosofía kantiana, para la que no hay absolutos. Para el hombre no hay más posibilidades incompletas, vive en el reino de la posibilidad no realizada que pesan más que las posibilidades realizadas. Así, hay un abismo entre esencia y existencia.

Kierkegaard se niega a considerar al hombre como sustancia pensante (Descartes), para él el hombre no es ni sustancia ni accidente, sino que es pura existencia que se hace a sí mismo a través de elecciones. Cada uno se tiene que hacer el camino de sus experiencias, y a nadie le sirve las experiencias ajenas, solo sirven para orientar y dar premisas bases.

El hombre es parte de un mundo que lo rodea y no puede sustraerse de esa realidad, por lo tanto hay que estar en el margen para ver todo lo que se nos dio para ver. Solo se tiene una visión parcial, incompleta, posible, no necesaria, y eso me limita como hombre, no se puede hablar del mundo porque no se conoce completamente, solo puedo hablar de las posibilidades que me dan.

No hay existencias ideales, no hay existencias modelos a seguir, porque cada uno vive una existencia personal, pero todos estamos inmersos en el mundo.

Cuando el hombre ve como se comunica con los otros hombres es cuando emerge el problema de la existencia personal del hombre, ya que la incomunicabilidad es un factor que afecta a la filosofía del siglo XIX y XX.

El hombre en el mundo es libre de elegir mil posibilidades, ya que tiene libertad, y esto le produce más angustia que satisfacción.

La existencia se define como lo que yo soy, por ende, lo que somos es lo que elegimos y esto no solo deriva de la razón, sino que deriva de nuestras angustias, miedos, alegrías, etc. Así, el hombre es un ser arrojado en el mundo en el que tiene que arreglárselas con las armas que tenga, con lo positivo y lo negativo.

El hombre es una pasión inútil, la pasión es una intuición que el hombre no puede controlar, no es algo racional. El hombre no saca nada con ser racional, porque con ello no supera la pasión, la angustia que son cosas negativas y no positivas.